Lifting, ¿me lo hago o no?

Las reglas del lifting han cambiado. Indetectables, rejuvenecen sin transformar la cara ni “congelar” la expresión. Son progresos considerables debidos a la evolución de las técnicas estéticas y a la búsqueda por parte de los pacientes de tratamientos cada vez más naturales.

Se creía que el lifting estaba muerto, aplastado, pisoteado por los fantásticos progresos de la medicina estética (Botox, acido hialurónico, laser, hilos, etc.) y destruido por el miedo a parecer a esos famosos inexpresivos que todos conocemos. No es así. El lifting facial se encuentra entre las 10 intervenciones más demandadas en España, unas 9.000 intervenciones al año. ¿La razón? Porque por muy eficaz que sean, las inyecciones no pueden quitar la papada, estirar radicalmente el óvalo facial y alisar un cuello arrugado. Y los resultados no tienen nada que ver con los que se obtenían en los años 80, 90 e incluso 2000. Las mentalidades de los pacientes y cirujanos han evolucionado: el objetivo ya no es alisar, estirar, “momificar”, si no rejuvenecer de una forma natural. El lifting ya ha dejado de estar “firmado” por el cirujano plástico que opera; debe ser indetectable de cara y de perfil, con el pelo corto o levantado. Para responder a esta demanda, los especialistas  han hecho evolucionar las técnicas, gracias sobre todo a los avances de la medicina estética. Adaptan los gestos quirúrgicos al rostro que tienen entre manos, cuidan los “detalles” como nunca: un trabajo de orfebrería, hecho a medida que permite borrar quince años de golpe.

Lifting, “no quiero parecer un pez”

¿Miedo a la cara que se nos quedará “después”? Es el temor número 1 de las mujeres y hombres que buscan un rostro menos cansado y más rejuvenecido. La mejor seguridad que podemos dar a un candidato al lifting es mostrarle los resultados naturales obtenidos con otros pacientes. Esto tranquiliza a los potenciales pacientes que están traumatizados por las imágenes de cantantes, actores y políticos que apenas son reconocibles con tantos cambios a los que se han sometido. En 2018 un lifting ya no es sinónimo de bocas grandes, ojos estirados y enormes pómulos de mero, los famosos fish lift o “lifting pez” que hacía furor hace 20 años. A los potenciales pacientes también les preocupa el postoperatorio “¿Tendré que estar escondido en casa durante tres semanas, que digo a mi entorno, cuando volver al trabajo sin que me señalen con el dedo…? En esto también el progreso es notable ya que las técnicas operatorias se han perfeccionado, reduciendo los inconvenientes tras la operación. “Trabajo” la piel como una tela, en “línea recta”, es decir, en un sentido que permite a la piel estirarse suavemente con naturalidad, sin irregularidades y no produzca ese efecto de “tirón” tan temido. Con la ventaja de un rostro con menos hematomas e hinchazón. Con un poco de maquillaje corrector, el paciente puede retomar su actividad normal al semana de al operación. Y el resultado definitivo se obtiene a los dos meses.

Lifting, un intervención más suave 

En el momento que hay una intervención, anestesia y bisturí, existe riesgo en la operación, cicatrices y hematomas. Pero los liftings de hoy en día son menos “agresivos” que antes por tres razones:

  1. La evolución de la anestesia hace que esta intervención sea más confortable y menos estresante: el paciente ya no se despierta con nauseas, aturdido o agobiado como antes.
  2. Algunas intervenciones quirúrgicas intensivas casi han desaparecido, como el lifting “frontal”. Destinado a rejuvenecer la parte superior de la cara, necesitaba hacer una incisión en la parte superior de la cara, de una oreja a otra. Ha sido sustituida con éxito por inyecciones de toxina botulínica (Botox).
  3. Esta cirugía facial se beneficia de la complementariedad de la medicina estética, que hace que el acto quirúrgico sea menos invasivo. En la práctica es el “lift & fill”: se estira la piel sin exceso, restaurando los volúmenes perdidos con inyecciones de grasa del propio paciente (lipofilling) o con ácido hialurónico. Esto permite zonas de la cara que no pueden ser mejoradas con la intervención (párpados, surco nasogeniano). El resultado gana en naturidad.

A veces, en función del estado de la piel, no es necesario recurrir a un lifting completo, basta con un mini-lifting.

Lifting, más cuidado con las cicatrices

Cuando retiramos un exceso de piel, es como cuando queremos acortar una falda: estamos obligados a cortar y rehacer un nuevo dobladillo. Es lo mismo con el lifting, que consiste en eliminar la piel “en exceso”, y recolocarla sobre los contornos de la cara y fijarla con suturas que se sitúan en el interior de la oreja o detrás escondidas en el pelo. En este aspecto no hay muchos cambios, salvo que las cicatrices son menos largas que antes. Lo que sí es diferente son los cuidados que se realizan tras la operación, para intentar minimizar el postoperatorio. Es verdad que no podemos controlar completamente los procesos biológicos de la cicatrización, que varía de unas personas a otras, pero buscamos obtener un resultado lo más óptimo posible:

  • Pedimos a los fumadores que dejen de fumar un mes antes de la operación y un mes después ya que el tabaco reduce la capacidad de cicatrización, incluso algunos cirujanos plásticos rechazan operar a fumadores.
  • Utilizamos tratamientos como Genesis o LED (laser de baja intensidad) en el postoperatorio para reducir la inflamación, lo que minimiza las cicatrices.
  • Recomendamos sesiones de drenaje linfático acelerar la cicatrización, en nuestra Unidad de Estética.

Lifting, preocupación por la calidad de la piel

No porque la cara este estirada como un tambor que parece más joven. Los antiguos liftings se contentaban con “estirar” la piel, a veces de forma abusiva, y conocemos los resultados: un rostro sin relieve y sin vida. Hoy en día, ya no se concibe un lifting sin tener en cuenta los volúmenes y el aspecto cutáneo. Para reestructurar los pómulos y devolverle una apariencia más pulposa a la piel, inyectamos grasa (lipofilling facial), muchas veces asociada con PRP (Plasma Rico en Plaquetas rico en factores de crecimiento, obtenido a partir de una toma de sangre) durante la operación. Y para mejorar la uniformidad del tono de la piel, difuminar las manchas pigmentarias y devolverle la luminosidad, podemos realizar un peeling o una mesoterapia. Un tratamiento global que se extiende hasta el cuello y el escote con el fin de armonizar el conjunto y no mostrar un rostro rejuvenecido, traicionado por un cuello de “pavo”.

Lifting, ¿Ahora o dentro de 10 años?

¿Cuál es la edad ideal para un lifting? A menudo suele ser cuando una mujer (o un hombre) comienza a verse viejo, cuando ella o el hacen el gesto de estirar la piel hacia arriba con los dedos. Suele ser normalmente entre los 50 y 60 años, cuando la parte inferior empieza a descolgarse, el óvalo facial desaparece y el cuello pierde firmeza. También depende de tipo de intervención prevista. Por ejemplo, es frecuente operar el descolgamiento moderado de la parte inferior de la cara o del cuello a partir de los 45 años, y practicar un lifting cérvido-facial (ovalo, cuello y sien) tras la menopausia. ¿Podemos retrasar la edad del primer lifting si realizamos regularmente inyecciones de ácido hialurónico y Botox? Si. Los efectos medico estéticos permiten retrasar la primera intervención, pero es importante saber que los resultados son siempre más satisfactorios y durables cuando la piel esta correctamente impregnado por las hormonas femeninas, es decir, antes de los 60 años. Sobre todo, porque es posible volver a someterse a un lifting 15 años más tarde.

Dr. Ignacio Ortega Remírez, ciruja plástico Instimed

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